5 Rasgos principales del sistema fiscal actual

Las principales fuentes recaudatorias del Estado provienen de[1]:

  • a) Los impuestos, que suponen alrededor del 90% de la recaudación total.
  • b) Las entradas por transferencias corrientes, que suponen aproximadamente un 5% de los ingresos.
  • c) Y un grupo de ingresos procedentes de varias fuentes: las tasas, las transferencias de capital, las rentas patrimoniales y el consabido resto; en conjunto, vuelven a sumar el otro 5% restante.

Son los impuestos los que suponen el grueso de la recaudación y ellos constituyen el objetivo de nuestro trabajo.

En primer lugar hay que distinguir entre impuestos directos e impuestos indirectos.

Los impuestos que se recaudan, tanto directos como indirectos, tienen relación con el nivel de actividad económica: si la actividad es alta, hay más empleo, más beneficios, más consumo y se recaudan más impuestos, si la actividad económica es baja, disminuye el empleo, los beneficios y el consumo, y por tanto, también la recaudación impositiva.

A continuación señalamos las características de los principales impuestos.

No obstante, todos estos impuestos han sufrido importantes modificaciones desde que fueron establecidos, ya sea a través de las leyes de Presupuestos Generales o bien mediante leyes ordinarias, y experimentan cambios menores constantemente, por lo que sólo recogemos las líneas básicas de cada uno, lo suficiente para entender su función principal en el sistema impositivo del país.

Impuestos directos

El Impuesto sobre la Renta de las Personas físicas (IRPF) constituye uno de los pilares básicos del sistema tributario español, al afectar a la mayor parte de la población preceptora de ingresos y convertirse en la mayor fuente de fondos públicos. Su importancia es decisiva a la hora de valorar la equidad del sistema fiscal, dado su volumen y su carácter de impuesto personal y progresivo.
En la reforma de 1978 el IRPF expandió el pago de impuestos directos a la mayor parte de la población española, con las siguientes características:

  • Se estableció la unidad familiar como sujeto pasivo del impuesto, optando por un gravamen a la renta acumulada de la unidad familiar y no por un gravamen individualizado de cada uno de sus componentes.
  • Se consideró la renta total como base única del gravamen, sobre la cual se calcula la cantidad a pagar. La renta total es la suma de los rendimientos del trabajo (salario percibido en un año), del capital (ingresos obtenidos de inversiones) y de las explotaciones económicas (básicamente ingresos de trabajos por cuenta propia) más los incrementos y disminuciones patrimoniales (ingresos o pérdidas causadas por variaciones en el patrimonio). Se le denomina impuesto sintético.
  • Se establecieron, a su vez, una serie de deducciones, principalmente una deducción general que se incrementaba en función de los miembros de la familia que aportasen rendimientos del trabajo o de explotaciones económicas y un sistema de desgravaciones de la cuota por hijos y personas dependientes.
  • Se introdujo la progresividad del impuesto, según la cual las rentas más altas son gravadas con un tipo impositivo superior (ver tipos de impuestos en el glosario). Se establecieron 28 tramos de tributación y el tipo marginal máximo se situaba en el 65,51% de la base imponible. Sin embargo, la aceptación social de una reforma tan importante exigía una clara moderación de la progresividad de la tarifa, de forma que se fijó, asimismo, que la cuota íntegra resultante de la aplicación de esta escala no pudiera exceder en ningún caso del 40% de la base liquidable.

En definitiva, la reforma de 1978 introdujo los principios impositivos propios de los sistemas modernos: la progresividad en la tributación directa y una considerable flexibilidad y simplificación en la gestión impositiva.

Este impuesto ha sido objeto de numerosas reformas desde su creación. Entre las más significativas hay que mencionar:

  • Las sucesivas reducciones de los tipos impositivos. Así el tipo marginal máximo fue disminuyendo desde el 65,51%, pasando en los primeros noventa al 56-53%, y en el 2002 a un tipo marginal máximo del 45% (computando la tarifa estatal y la autonómica). Además, en 2002 el tipo mínimo pasaba del 18 al 15%, y el número de tramos de la tarifa quedaba fijado en 5 .
  • La opción a la tributación separada de los miembros de la unidad familiar[2],
  • El paso de gravar la renta total a gravar la renta disponible fiscal,
  • Un importante desarrollo de este impuesto, de carácter negativo respecto a la distribución de la renta es la tributación separada por plusvalías. Se gravan los beneficios por plusvalías sólo al 15% en lugar de al tipo de régimen general que hubiera correspondido agrupando todos los ingresos del sujeto pasivo. Lo que reduce muy considerablemente no sólo la tributación por este concepto, sino incluso el nivel de la escala de régimen general a la que hubiera llegado el sujeto si se sumasen todos sus ingresos. Es pues un desarrollo extremadamente favorable para los ahorradores, y especialmente para aquellos con rentas más altas. Imaginemos un sujeto pasivo que hubiera de pagar por sus otros ingresos al tipo del 35% y que si le hubiera sumado los beneficios por plusvalías tendría que pagar al 38%; al pagar los ingresos adicionales por plusvalías sólo al 15%, no sólo ahorra el 20% de diferencia
  • entre tipo general y plusvalías, sino que ahorra además 3 puntos (38-35%) en todos los demás ingresos.
  • Sustanciales beneficios fiscales para los fondos de pensiones y las plusvalías,
  • Cambios en las desgravaciones. Se eliminaron algunas, y se introdujeron el cuidado de hijos menores de 3 años, incentivos a la movilidad geográfica y a retrasar la edad de jubilación, así como incentivos a aumentar la oferta de las viviendas de alquiler[3].
  • Se ha reducido casi a la mitad el tipo de gravamen del IRPF de los no residentes (del 45% al 25%)…

Se trata, en definitiva, de reformas que aligeran la tributación de las capas de población de ingresos más altos y suponen una disminución del peso relativo de este tributo frente al resto de figuras impositivas. Una evolución acorde con la idea, profundamente conservadora, de que hay que pagar pocos impuestos directos para que los sujetos pasivos no se sientan desmotivados en su actuación económica. Lo que, dado que el gasto público no disminuye y no se puede incurrir en déficit, supone inevitablemente que aumenten los impuestos indirectos que son regresivos.

El Impuesto sobre Sociedades (IS)[4] fue concebido inicialmente como tributo que gravaba el beneficio fiscal —calculado según la normativa fiscal y no la contable[5]. Pero a fines de 1995 se fijó como base imponible del impuesto el beneficio contable, que generalmente suele ser menor[6]. Se eliminó la doble imposición y se coordinó este impuesto con el IRPF.

El IS es un impuesto proporcional, todos los beneficios, sean muy altos o muy bajos, pagan el mismo tipo, un 35% nominal[7]. Este tipo no se ha modificado desde 1983, mientras que otros muchos países europeos lo han disminuido en los 90s. Por eso hemos pasado de estar por debajo a estar algo por encima de la media de la UE15. Aún así, se ha ampliado el límite para el tratamiento de la pequeña empresa (que sólo tributan por el 30% de la base imponible) aumentando la base imponible para ser considerada como tal de 3 millones a 6 millones de euros, lo que favorece sustancialmente a las empresas comprendidas en el nuevo tramo. Si tenemos en cuenta que sólo el 5% de las empresas declarantes señalan que ganan más de 3.000.000 euros[8] podemos apreciar la importancia de este cambio.

Lo que es más importante, precisar que el importante incremento experimentado en la recaudación por este tributo no se debe a cambios progresistas en el sistema sino que ha sido causado por el fuerte aumento que han experimentado los beneficios empresariales en los últimos años[9].

Las reformas recientes pueden resumirse en reducciones de tipos, establecimiento de regímenes especiales y aligeramiento de los requisitos para los mismos[10] y ampliaciones de base mediante la depuración de amortizaciones generosas, incentivos y tipos especiales. La Ley 6/2000, establece medidas de apoyo a la internacionalización de las empresas, a las pequeñas y medianas empresas y a las empresas innovadoras.

Impuesto sobre el Patrimonio. Grava el patrimonio neto de las personas físicas (la riqueza que poseen). Se establece en 1978 como gravamen complementario del IRPF. Pretende aumentar el gravamen sobre las rentas del capital. No obstante, los niveles en los que comienza a gravarse el Patrimonio y las amplias exenciones fiscales establecidas hacen que este Impuesto tenga una recaudación casi nula, como ya se mostrará. El gravamen medio en los años 2.000 está próximo al 4 por mil y la cuota media pagada por este impuesto en 2003 fue de 1.194 euros. Si se tiene en cuenta que sólo se gravan patrimonios superiores a 100.000 euros queda patente el reducidísimo peso del impuesto.

Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. Se crea a finales de 1987 y grava las adquisiciones gratuitas por causa de muerte y también las que se realicen entre personas vivas. Al igual que el Impuesto sobre el Patrimonio su aportación al erario público es insignificante.

Las reducidas aportaciones de los demás impuestos directos nos permiten ignorarlos aquí.

Impuestos indirectos

Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). Entró en vigor en 1986. Es un impuesto que grava el consumo, que se estableció obligatoriamente por nuestra integración en la Comunidad Europea. Sustituyó al Impuesto sobre Tráfico de Empresas, Impuesto sobre el Lujo y otros que existían anteriormente. En 1993, entra en vigor la nueva Ley de Impuesto sobre el Valor Añadido, que establece un nuevo tratamiento aplicable a las operaciones intracomunitarias. Existen tres tipos impositivos, con criterios de clasificación bastante confusos:

  • a) un tipo súper reducido del 4%, que grava las compras de artículos de primera necesidad —pan, leche, harina, queso, huevos, libros o periódicos…— y que proporciona el 5,6% de la recaudación;
  • b) un tipo reducido del 7%, que grava alimentos en general (igual el caviar que una lata de garbanzos), algunos productos sanitarios, pero también otros productos como flores y servicios de hostelería (hoteles de cuatro estrellas y restaurantes de lujo), las peluquerías, los objetos de arte…[11]. Supone el 19,34% de la recaudación.
  • c) finalmente el tipo general del 16%, que abarca todos los demás productos y aporta el 65,77%[12].

España es junto con Luxemburgo el país donde el IVA recauda menos en la UE15.

Impuestos especiales. Tributos de naturaleza indirecta que recaen sobre consumos específicos. Con la entrada en la CE, se abolieron el Impuesto sobre el Lujo y la Renta del Monopolio del Tabaco, entre otros. Desde 1 de enero de 1993, los impuestos especiales son: los Impuestos especiales de fabricación (Impuesto especiales sobre alcohol y las bebidas alcohólicas, el Impuesto sobre Hidrocarburos, Impuesto sobre las labores del tabaco y el Impuesto sobre la electricidad) y el Impuesto especial sobre determinados medios de transporte, conocido como impuesto de matriculación. Como impuestos indirectos que son, son también impuestos regresivos. Ilustramos su distinta incidencia según las rentas de las personas, comparando lo que puede pagar un alto directivo de la banca española, según su salario que aparece en la prensa, con los ingresos de una persona que gana el salario mínimo.

Al igual que con los impuestos directos, la reducida importancia de los restantes impuestos indirectos nos permite ignorarlos en estos comentarios.

En conjunto, si se revisan los cambios en este sistema introducidos desde los años noventa puede afirmarse que prácticamente toda la nueva normativa ha tenido como resultado el aligerar la carga tributaria. Algunos ejemplos:

  • Han aumentado las deducciones y exenciones en casi todos los impuestos. Por ejemplo, las deducciones por aportaciones a planes de pensiones pueden llegar a 8.000 euros, y si se cumplen determinadas condiciones de edad, pueden llegar superar los 45.000 euros por pareja y año. ¿Qué familias pueden ahorrar tales cantidades en este país?[13]
  • Ha disminuido o permanecido constante el tipo de gravamen. Ya se ha señalado que en el IRPF el tipo máximo ha pasado de 65% al 45% y se ha deflactado el impuesto. En el IS el tipo ha permanecido constante ( 35%) pero se ha ampliado el límite para el tratamiento de pequeña empresa (que solo tributan por el 30% de la base imponible).
  • La racionalización de los procedimientos establecidos por la Ley General Tributaria 58/2003, en todos los casos, unas veces con razón y otras sin ella, disminuyen la tributación.
  • La lucha contra el fraude fiscal se lleva a cabo de forma muy ligera y más
  • preocupada por evitar la conflictividad fiscal que por evitar el fraude. Tanto es así que los propios inspectores de Hacienda presentaron una protesta formal acerca de que se les mantenía ocupados con inspecciones menores, sin poder abordar los grandes fraudes.
  • Se ha establecido la ley de mecenazgo que permite a unas empresas la donación en condiciones fiscales muy favorables y, por otra parte, las empresas que reciben las aportaciones disfrutan también de magnificas condiciones fiscales.

En conjunto y como tendencia global se observa una disminución de la imposición personal (el IRPF), en contraste con el impuesto de sociedades que aumenta sustancialmente en importancia de recaudación. Asimismo disminuyen los impuestos sobre la propiedad (sobre el capital, los estamos llamando aquí) del 3,61% en 1980 al 0,08 en 2002 y al 0,01 en 2005.

Es decir, que el sistema fiscal en España experimentó un cambio importante con el establecimiento del nuevo sistema que supuso la transición, el cual impuso una tributación mucho más alta y generalizada a toda la población. Sistema que ha implicado un considerable aumento de la presión fiscal que todavía continúa experimentándose. No obstante, desde mediados de los años ochenta, y más en particular desde los noventa, el sistema impositivo se ha ido aligerando y disminuyendo el grado de progresividad, de acuerdo con las prescripciones de las ideas neoliberales dominantes durante el periodo.

En el Cuadro 1 se presentan las aportaciones respectivas de los diversos impuestos al erario público previstas para 2005; se añaden al mismo las restantes partidas de los ingresos públicos, que permiten percibir la reducida importancia de las mismas.

Cuadro 1. Ingresos de los PGE

Cuadro 1. Ingresos de los PGE. % de recaudación sobre los PGE (año 2005)

Está muy claro que el grueso de los ingresos del Estado proviene de la imposición (90%), así como que los impuestos directos son los que proporcionan la mayor parte de los ingresos pœblicos (53,85%). No obstante, los impuestos indirectos suponen casi el 40% de la recaudación, lo que indica la limitada progresividad del sistema impositivo español. El Estado tiene capacidad para, y debiera, reducir el IVA de aquellos bienes y servicios más consumidos por las clases con menos ingresos y aumentar los de aquellos que son considerados suntuarios o de lujo. Lo que haría menos regresiva la imposición indirecta.

Dentro de los impuestos directos el IRPF es el que supone la mayor aportación (28,49%), siguiéndole en importancia el IS, Impuesto de Sociedades (23,59%) que va aumentando sustancialmente, lo que no deja de ser un aspecto positivo (véase Cuadro 2).

En el Cuadro 2 se presenta la estructura de los Impuestos Directos en los últimos veinte años:

Cuadro 2. Estructura de los impuestos directos. (% sobre el total)

Cuadro 2. Estructura de los impuestos directos. (% sobre el total)

Obsérvese que en los impuestos directos la práctica totalidad de lo recaudado corresponde a los que gravan las rentas obtenidas en cada periodo. Los denominados “impuestos sobre el capital” que gravan la posesión y transferencia de riqueza (Impuestos sobre el Patrimonio y Sobre Sucesiones y Herencias) no sólo no aportan prácticamente nada al erario público, sino que su aportación está disminuyendo hasta casi desaparecer. Es grave que el Impuesto sobre el Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones no aporten casi nada al erario público. ¿Tan pobres son los ricos de este país que la mera posesión de su riqueza no puede aportar nada al esfuerzo común?[14] Parece que España es un paraíso fiscal para los dueños de la riqueza.


  1. Dada la importancia de las cotizaciones sociales en los ingresos del Estado, este rubro se analiza por separado.
  2. Siguiendo una sentencia del Tribunal Constitucional que señalaba la necesidad de permitir las declaraciones individuales basándose en la incompatibilidad de la tributación conjunta de los cónyuges en el IRPF con el principio de igualdad y con el derecho a la intimidad personal.
  3. La Ley 46/2002 ha establecido que los trabajadores desempleados que acepten un puesto de trabajo que les exija el traslado de su domicilio tendrán derecho a duplicar la reducción por rendimientos del trabajo; también se duplica la cuantía de la reducción por rendimientos del trabajo cuando el trabajador decide prolongar su vida activa más allá de los 65 años, y los rendimientos derivados del alquiler de vivienda se computan sólo en su 50 %.
  4. El IS es un impuesto sobre la renta, pero no de las personas físicas sino de las personas jurídicas, o sea, las empresas. Así, aunque en realidad grave el beneficio que obtiene el capital, no se considera un impuesto sobre el capital sino sobre la renta. (Véase cuadro I). Así, es erróneo considerar a todos los impuestos directos o los impuestos sobre la renta como progresivos ya que el IS es proporcional.
  5. La contabilidad de las empresas puede estar sometida a seguir criterios contables, los que establece la empresa y el Plan General de contabilidad, o a criterios fiscales establecidos por el Ministerio de Hacienda, que generalmente son más estrictos que los primeros. En el momento de creación del IS (1978), prevalecía el principio de autonomía de la normativa tributaria sobre la normativa contable, de modo que los ingresos computables y los gastos deducibles venían determinados por las normas fiscales y no por las de contabilidad. Actualmente ambos criterios tienden a aproximarse.
  6. Aunque se señaló que su importe se ajustaría en los casos en que el criterio contable y el fiscal no coincidiesen.
  7. Los tipos realmente pagados(tipos efectivos)son sustancialmen-te menores debido a exenciones, deducciones, etc. Se estima que en la UE están entre el 60-65% del tipo nominal. En España el tipo efectivo medio es del 18,3% (Zubiri, 2001, c. 9)
  8. El 75,53% de las empresas declaran beneficios menores a 500.000 euros y el 85% menores de 1 millón de euros. Es, también, bastante sorprendente que más del 80% de las empresas que declaran sean sociedades de responsabilidad limitada.
  9. Asimismo en 2003 se estableció un trasvase de recaudación del IRPF al IS que hace aumentar todavía más el porcentaje de recaudación por este concepto y disminuir el del IRPF, sin que ello suponga un mayor gravamen a los beneficios.
  10. Las SIMCAV, Sociedades de Inversión Mobiliaria de Capital Variable, tienen una tributación por beneficios del 1% en lugar del general del 35%, a pesar de que está abiertamente en cuestión la existencia real de dichas "sociedades". Ante el beneficioso régimen fiscal por el que tributan, no es extraño que el patrimonio gestionado por estos fondos haya pasado de 1.022 millones de euros en 1985 a 15.439 millones de euros en 2000 y 25.103 millones en 2004. Lo más grave es que ante las dudas de que estos sean realmente de inversión colectiva el gobierno haya reaccionado proponiendo suavizar las exigencias para la operación de los mismos, en lugar de reforzar la inspección, lo que ha dado lugar, incluso a que los inspectores de Hacienda alerten acerca de una posible "amnistia fiscal".
  11. Para "justificar" algunas de estas contradicciones en 2002 se incluyeron los pañales y las compresas femeninas en este tipo de gravamen.
  12. El resto se recauda mediante la imposición a compras intracomunitarias.
  13. De los contribuyentes con rentas inferiores a 30.000 euros, esto es el 90% del total, solo el 9% realiza aportaciones a los planes de pensiones y su cuantía media es de 1.000 euros. Por el contrario, los contribuyentes con rentas superiores a 150.000 euros aproximadamente el 0,15% del censo total —un 68% realiza aportaciones y su cuantía anual media es de 9.000 euros.
  14. Habrá quien argumente que esa riqueza es la que sirve para sustentar la producción del país y que a través de ella se aportan los impuestos sobre sociedades. No es difícil responder a dicha argumentación si se tiene en cuenta, primero, que el impuesto sobre sociedades grava los beneficios obtenidos en un año, que van a aumentar la riqueza de los poseedores del capital (que no pagan nada por poseerlo), y, segundo, que los beneficios de las sociedades son producto del trabajo colectivo y no solamente obtenidos por el capital.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *