8 La reforma fiscal que viene

Durante el periodo que gobernó el PP, se hicieron importantes modificaciones en el sistema fiscal orientadas a favorecer a los grupos de ciudadanos con las rentas más altas. Modificaciones de carácter netamen-te regresivo. En la campaña electoral de 2004 el PSOE planteó la conveniencia de una nueva reforma fiscal. Llegados al gobierno parecía que ésta iba a realizarse muy rápidamente, pero aunque se anunciaba que se presentaría ante las Cámaras en el último trimestre de 2005, da la impresión que no es una de las prioridades inmediatas del gobierno. Si bien se sigue insistiendo en que la reforma se realizará en esta legislatura, parece que no se llevará a las Cortes hasta 2007, último año de la legislatura, lo que supone su entrada en vigor a partir de la campaña de 2008. Las autoridades afirman ahora que se ha de dar prioridad al Plan de Prevención del Fraude Fiscal frente a la reforma fiscal. No sabemos las razones que han llevado al partido en el poder a ralentizar este promesa electoral. Algunos comentaristas señalan dos razones posibles: una, que Hacienda prefiere ir introduciendo cambios de forma gradual, “suave” y poco destacada en lugar de una fuertemente publicitada “reforma fiscal”, “un cambio fiscal tranquilo” (Solbes), que permite no llamar mucho la atención sobre el mismo en lugar de una fuertemente publicitada “reforma fiscal”, y dos, que es posible que el gobierno haya optado por esperar a resolver las reformas de los Estatutos de Autonomía y los diversos sistemas de financiación autonómicos que van con ellos, antes de iniciar una reforma fiscal de alcance. Lo que parece una decisión bastante lógica, pues los nuevos sistemas de financiación de las CC.AA. tendrán una incidencia importante en la estructura y distribución de las cargas impositivas. No es posible, por tanto, decir gran cosa acerca de la esperada reforma fiscal.

La información acerca de la reforma con que se cuenta hasta ahora está dispersa y seguramente experimentará muchos cambios antes de convertirse en definitiva. Pero como querríamos llamar la atención hacia un aspecto tan importante de nuestro sistema social como es una reforma fiscal, nos arriesgamos a señalar algunos elementos que nos parece que pueden constituir una parte importante de la reforma, tomados sobre todo de los medios de comunicación, con todas las limitaciones que presenta esta fuente de información. Somos conscientes de lo aventurado de este procedimiento y pedimos al lector que lo tenga muy en cuenta. Digamos que no nos proponemos a este estadio analizar nada con rigor, sino llamar la atención acerca de algunos elementos sobre los que merece la pena estar atentos, por si la dirección en que propone modificarlos la reforma no es la más adecuada para el bienestar de la población.

Un primer punto que tendrá que asumir el sistema fiscal del estado en el futuro consiste en la creciente descentralización del sistema fiscal. Aunque no se conozcan los resultados de los cambios en los nuevos Estatutos de Autonomía, no hay duda que todos ellos implican la exigencia de una creciente descentralización tributaria. No sólo recaudatoria, sino incluso de gestión y control (el Estatut de Cataluña reclama una Agencia Tributaria propia, y muy probablemente lo mismo requerirán otros estatutos). Cada vez más, los impuestos no los recaudará únicamente el estado central sino que la responsabilidad de las CC.AA. sobre los mismos crecerá. Lo que hace suponer que habrá —ya existe en algunos aspectos, aunque sean reducidos, un cierto margen de variaciones en el sistema tributario según CC.AA. que puede establecer diferencias de gravamen entre la población de distintas autonomías. No obstante, no es probable que tales diferencias sean muy sustanciales, pues si lo fueran podrían dar lugar a desequilibrios importantes. De todos modos, será necesario tenerlas en cuenta y para poder evaluar el sistema fiscal será necesario completar el conocimiento del sistema tributario central con el de las correspondientes CC.AA.

Lo que se sabe de la reforma la plantea como una reforma de cambios reducidos “nunca cambios radicales” y, sobre todo, sometida a una premisa: no habrá aumentos de presión fiscal. Lo que deja claro lo limitado de la misma, pues en el mejor de los casos se llevará a cabo un reajuste de las cargas tributarias, pero en ningœn caso un aumento de los recursos de los que dispondrá el gobierno para mejorar su actuación económica y social. Y esto cuando estamos a más de cinco puntos por debajo de la presión fiscal media de la Unión Europea y situados en los últimos lugares entre los países de la misma respecto a gasto social.

El Cuadro 9 recoge los principales aspectos de la propuesta de reforma fiscal que el gobierno actual presentó en marzo de 2005.

Cuadro 9. La reforma del IRPF.

Cuadro 9. La reforma del IRPF.

Lo que supone acerca del IRPF, para los:

  • Tramos del impuesto. Miguel de Sebastián, asesor de Zapatero, había propuesto reducir el impuesto a un único tramo y una única tarifa. Dado que este sistema es fuertemente regresivo lo “suavizaba” añadiéndole un sistema de exenciones que paliaba un poco su inequidad. Pero esta propuesta parece que se ha rechazado definitivamente (es un sistema escandalosamente conservador incluso para un PSOE muy moderado) y que se establecerán tres o cuatro tramos (ahora son cinco).
  • Los tipos de gravamen. Ya hemos dicho que Sebastián proponía un tipo único, pero el Sr. Solbes plantea la reforma rebajando tres puntos (del 45 al 42%) el tipo máximo de la tarifa y no se sabe que se programa para el mínimo (ahora en el 15%); aunque todavía parece quedar abierta la posibilidad de que el tipo máximo de la tarifa (ahora 45%) se iguale al tipo del Impuesto de Sociedades (35%), es decir, en este caso se produciría una disminución del tipo máximo de 10 puntos. En cuanto a las plusvalías (ganancias del capital), es sabido que éstas tributan al 15% y en su campaña electoral el PSOE se había comprometido a hacerlas tributar con la misma tarifa que las rentas del trabajo (considerablemente por encima del 15%). No obstante en la propuesta de reforma se mantiene el tipo único en el 15%, aunque es posible que suba al 18% si se combina con nuevas exenciones. Parece que en el gobierno hay un debate sobre que hacer con las plusvalías y el Sr. Solbes se opone al aumento de su tributación con el argumento de que, en un entorno europeo donde hay países que gravan menos las plusvalías existe el riesgo de fuga de capitales (Si esto es así el Sr. Solbes debiera ser un decidido partidario de la armonización fiscal en la UE, posición que hasta ahora no sabemos que apoya).
  • Deducciones y exenciones. Se había dicho que disminuirían. Parece que disminuirán las deducciones por planes de pensiones, aspecto positivo si se tiene en cuenta que las deducciones actuales favorecen sobre todo a las personas con gran capacidad de ahorro, como hemos visto más arriba, pero a medida que transcurre el tiempo desde que se hizo la propuesta en marzo, parece más probable que la disminución de exenciones no se produzca o sea muy limitada. No está claro si se mejorarán o no las deducciones por vivienda, bajo el argumento que benefician sobre todo a las rentas medias y bajas. Se mantendrá el límite máximo de deducción por compra (9.015 euros al año) y se discute si se proporcionarán algunos incentivos fiscales para los arrendatarios de viviendas, que hasta ahora no gozan de ninguna ventaja por viviendas arrendadas. Probablemente se mejorarán las deducciones por hijo, posiblemente igualando las exenciones, para favorecer a las familias con más hijos y rentas más bajas, en lugar de a los de rentas más altas.

Se estudia fijar un mínimo exento para el ahorro y subir el tipo una horquilla entre el 18-20%. De esta forma los pequeños capitales no pagarían nada (con el consiguiente riesgo que los grandes se conviertan en muchos pequeños). Como complemento se incluirían todos los rendimientos del ahorro.

Gravamen a las rentas de capital

“Los asesores fiscales piden bajar al 30 % el impuesto de sociedades. Proponen un recorte mayor para pymes sin afectar a los ingresos… ya que el 50% de la recaudación recae en el 1% de los declarantes, esto es, de las grandes empresas”(La Vanguardia, 16/6/2005). Lo que a nuestro entender indica que la mayoría de las sociedades ya pagan muy poco y se propone que paguen menos. Eso no quiere decir que sus demandas serán atendidas, pero es interesante ver hacia donde se dirigen, y la respuesta que concitan del gobierno. El Sr. Rodríguez Zapatero “enfatizó que cumplirá su promesa de rebajar el impuesto de sociedades y… que el plan del gobierno es alinearlo con el de países más atractivos para la inversión extranjera” (El País, 24/5/2005).

En conjunto, a pesar de que los objetivos retóricos de la reforma son mejorar la carga tributaria soportada por los asalariados por cuenta ajena, recuperar el principio de equidad horizontal en el tratamiento de las circunstancias personales y familiares, revisar las deducciones y exenciones existentes —con especial atención a los afectados de las mismas sobre la equidad vertical y la progresividad real del impuesto, mantener la suficiencia en la recaudación, asegurar la progresividad y disminuir y perseguir el fraude fiscal, y que todo ello se haga sin aumentar la presión fiscal y garantizando el superavit presupuestario en 2006 y 2007, puede dudarse que la reforma real esté orientada en esta dirección. Se estima que el ahorro de este cambio fiscal tranquilo puede suponer una disminución de la recaudación de Hacienda de unos 3.500 millones de euros, en un país que ya hemos visto está muy por debajo de la presión fiscal de la mayoría de los países desarrollados de la UE15 y que cuenta con muy importantes déficit en los servicios públicos que requiere la población. Ni parece que la reforma está realmente dirigida a aumentar la equidad fiscal del país, y mucho menos a aumentar la provisión de los servicios que la población necesita. ¿A quién va a favorecer esta reforma si se realiza en estos términos?

Es interesante la evaluación que del proyecto de reforma hace un comentarista del mundo de los negocios, aunque no demasiado alejado de las líneas socialistas que señala: “…el contraste entre la seriedad de que en líneas generales nos ofrece el proyecto (…) y el desquiciado programa electoral del PSOE de hace poco más de un año, que ahora queda definitivamente arrumbado. Es decir, la diferencia entre el realismo político y un mensaje demagógico para capturar votos a cualquier precio. Si uno pone en el atril ambos textos los compara y no olvida que pertenecen a una misma organización política, pensará que ésta padece de un grave trastorno bipolar que le lleva de un estado de hiperactividad electoral a otro de serena depresión ocasionado por el conocimiento de la realidad económica y el funcionamiento de los mercados. ¿Dónde queda la insurgencia contra los mercados…?” (F.B. en El Pais, 21/3/05. Cursivas nuestras). Lo que para nosotros se traduce en: olvídense de cualquier intento progresista, el proyecto de reforma es adecuado al funcionamiento de los mercados.

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