3 El sistema fiscal

El sistema fiscal de un país consiste en el conjunto de leyes, normas y disposiciones acerca de la forma de obtener los ingresos públicos, en particular por medio de los impuestos. Es una de las piezas clave de la organización institucional de cualquier Estado. Por dos razones: primera, en los Estados modernos es la forma de obtener los ingresos necesarios para el funcionamiento del Estado, y segunda y no de menos importancia, a través del sistema fiscal, utilizando los impuestos, el Estado puede modificar sustancialmente la distribución de la renta en un país.

Según quién, cómo y cuánto se pague por impuestos, los ingresos de que disponen las personas cambian. Como los impuestos son obligatorios, el Estado dispone de un instrumento muy poderoso para incidir en la distribución que surge del sector privado (y más combinándolos con los efectos del gasto público). De aquí los amplios debates que suscita el sistema fiscal, desde quienes consideran que el sistema fiscal debe ser neutro, es decir, afectar el mínimo posible a la distribución de las rentas y a las decisiones que se toman en el ámbito privado, hasta quienes esperan que el sistema fiscal ejerza un importante papel nivelador de las diferencias en las rentas de la población. De nuevo encontramos aquí las dos corrientes que señalamos a lo largo de este trabajo. Y señalar que en este INFORME se considera que el sector público debe utilizar su amplio poder para, a través de los impuestos, intentar aproximar los ingresos de los ciudadanos, o, por lo menos, para evitar que las desigualdades sean muy fuertes y crecientes (estamos en el capitalismo y no nos hacemos demasiadas ilusiones acerca del poder y la voluntad del Estado para modificar fuertemente la distribución de los ingresos). Se considera que los poderes públicos deben utilizar lo máximo posible aquellas formas impositivas que conduzcan a mejorar la distribución de la renta en la población y a recaudar lo suficiente para proporcionar a ésta los servicios públicos fundamentales para su bienestar, a un nivel satisfactorio en relación con la riqueza del país. Además, una distribución de la renta más equitativa es más eficiente económicamente.

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